Hace poco hablaba con un camaradamexicano y me recomendaba un libro “Arquitectos de la cultura de la muerte” de Donal de Marco y Benjamín Wiker donde se hace una clara alusión a la cultura contraria a la vida del mundo occidental, que no cree que el hombre sea más que un elemento mayormente plástico sobre el que el hombre puede ensayar sus más arcanas inclinaciones; situación que ha sido de esa forma desde el siglo XVIII
hasta el presente.
Realmente, para algunos fue una noticia asombrosa para mí lo asombroso fue la forma en que el mundo occidental celebro la muerte de este señor, y no es que lo defienda, sino que prefiero seguir creyendo en la cultura de la vida.
Una vez más el presidente Obama, demostró que los estados unidos no es un país donde se promocione la vida, quedaron ante el mundo descubierto: sólo utilizan la vida para dar muerte al hombre, a la humanidad y al mundo que no se le arrodille.
Para aquellos que osaron pensar que Obama sería un presidente “imperial”
distinto a los demás, y que el premio nobel de la paz se lo había ganado a lo bueno y no a los realazos, ya pueden ir aceptando la realidad. Obama es otro presidente asesino, amante de la cultura de la muerte occidental y arquitecto de una nueva forma de matar; distinta a la de Reagan y Nixon, pero más cínico.